La estrategia y el fanatismo de ver comunistas por todos lados: cuando la ultraderecha de Guatemala señaló a Jorge Skinner Klee de ser agente del comunismo

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    Mauricio José Chaulón Vélez

Resumen

Una de las características de las prácticas anticomunistas es representar al comunismo como un antivalor central. En ese sentido, se le relaciona de manera directa con los antivalores de tipo universal o absoluto, estableciéndose de manera dogmática para cerrar cualquier posibilidad de discusión. Si el anticomunismo se ejerce como poder, es utilizado para perseguir a sujetos que son representados en esos antivalores, por lo que se les estigmatiza y se les niega cualquier posibilidad de defensa, construyendo la figura de un enemigo que debe ir siendo encerrado jurídica, social, política, económica y culturalmente, hasta ser expulsado o eliminado si es posible con la misma muerte. Por lo tanto, en el Estado anticomunista guatemalteco que se restauró tras el derrocamiento del proceso revolucionario con el golpe al gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán en 1954, se aprovechó esta condición de poder para perseguir personas y organizaciones, apoyándose en las nuevas leyes que prohibían la libertad de pensamiento y acción política, en específico las expresiones de izquierdas. Todas fueron homogenizadas en una sola: el comunismo. A partir de eso, señalar de comunista a alguien era condenarlo legal y simbólicamente, para representarlo como antisocial y portador de antivalores. Se construyó una cultura anticomunista que creció rápidamente, alimentada por el sistema jurídico-legal, los fundamentalismos religiosos cristianos (sobre todo católicos en aquel momento), el triunfo de la contrarrevolución, los desaciertos de los defensores de la Revolución en la capacidad organizativa de respuesta, y la posición geopolítica de los Estados Unidos.


Sin embargo, dentro de las derechas gobernantes hubo diferencias.  Convirtieron al Estado en un objetivo de poder y cada grupo trató de ser el dominante y hegemónico. Después del asesinato de Carlos Castillo Armas en 1957, las disputas crecieron, y los grupos extremistas, a los cuales se les puede definir como de ultraderecha, actuaron de manera violenta contra sus rivales dentro del mismo espectro ideológico, tal y como lo habían hecho contra los sectores antagónicos de izquierdas. Amparándose en la cruzada anticomunista que denominaron como «la liberación nacional», los ultraderechistas demostraron que estaban dispuestos a todo por mantener el control del poder, ya que señalaban a una conspiración del denominado «comunismo internacional» el magnicidio de Castillo Armas, y veían al mismo tiempo el peligro de perder el control del poder cuando se les evidenciaba por parte de los intelectuales orgánicos de la clase dominante nacional y de la doctrina de seguridad hemisférica de los Estados Unidos, que sólo habían sido operadores útiles como golpistas y  ahora como salvaguardas del anticomunismo feroz. Por lo tanto, manifestaron otra de las características del anticomunismo en sus fases y campos extremos: señalar de comunista a cualquier persona como una acusación, representándolo como peligroso, traidor y portador de antivalores que generan miedo e incertidumbre. El objetivo, es eliminarlo como rival a través de la representación social, porque esta funciona como tal en un contexto determinado, que para el caso del artículo que se escribe es el de la configuración del comunismo como el gran enemigo de la patria, los valores y la religión.


Así, los liberacionistas debieron negociar el poder gubernamental para que Miguel Ydígoras Fuentes fuese declarado ganador de las elecciones presidenciales para sustituir a Castillo Armas, pero no estaban dispuestos a ser relegados. Por ello es que formaron grupos de presión y choque, entre los cuales estuvo el Movimiento de Recuperación Nacional del Ejército de Liberación. Ésta fue una de las primeras organizaciones paramilitares de la ultraderecha guatemalteca, conformada principalmente por liberacionistas, la cual buscaba asegurar su permanencia en el poder dentro de las disputas que por la administración del Estado habían surgido dentro de la clase dominante y sus grupos aliados. En ese contexto, específicamente en 1958, esta organización paramilitar acusó de comunista a Jorge Skinner Klee Cantón, un abogado que pertenecía a uno de los bloques familiares oligarcas, quien comenzaba a destacar en aquel momento como un intelectual que se inclinaba porque los sectores de mayor poder económico condujesen el Estado y no los grupos extremistas que podían convertirse en élites poderosas en la medida en que fuesen acumulando capital político, y que en poco tiempo estarían en la posición de disputar espacios a la clase dominante. La acusación se hizo a través de una publicación que salío a la luz en enero de 1958, con el nombre de “La ficha de un comunista. Jorge Skinner Klee, el Judas de Guatemala”, signada por el Movimiento de Recuperación Nacional del Ejército de Liberación.


Este señalamiento de comunista a Jorge Skinner Klee, evidencia no sólo la compleja dinámica de las desavenencias al interior de las derechas en la restauración del Estado anticomunista, sino también la utilización del recurso ideológico que no tuvo límites en una ultraderecha que sigue vigente hoy, aplicando los mismos mecanismos de operación y mantenimiento de sus cuotas de poder que le hacen permanecer y tener vigencia.


Palabras clave: Comunismo, anticomunismo, derecha, ultraderecha, liberacionismo, Jorge Skinner Klee. 

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Cómo citar
CHAULÓN VÉLEZ, Mauricio José. La estrategia y el fanatismo de ver comunistas por todos lados: cuando la ultraderecha de Guatemala señaló a Jorge Skinner Klee de ser agente del comunismo. Estudios Digital, [S.l.], n. 19, nov. 2019. ISSN 2409-0468. Disponible en: <http://iihaa.usac.edu.gt/revistaestudios/index.php/ed/article/view/332>. Fecha de acceso: 06 dec. 2019